Saturday, December 11, 2010

El condón roto de WikiLeaks


Los delitos sexuales de Julian Assange

Por: Pilar Quintana (Historias de Usuario - para LA SILLA VACIA)

¿Cómo convertir un condón roto en una orden de captura internacional? Fácil. Devele miles y miles de secretos de Estado. Al menos eso es lo que parece haberle sucedido a Julian Assange, el fundador de WikiLeaks*

El escándalo estalló en los medios en agosto pasado cuando Julian Assange, el fundador y portavoz de WikiLeaks, fue denunciado en Suecia por violación. Las acusaciones son más que bizarras y casi imposibles de entender, y como puede pasar en algunos de estos casos, los hechos son confusos.
El asunto es más oscuro si se tiene en cuenta que la acusación llegó justo en el momento en que el activista enfureció a los gobiernos poderosos del mundo con la filtración de documentos secretos más grande de la historia.

Lo que sí está claro es que los encuentros sexuales entre Assange y las dos mujeres que lo denunciaron se dieron con consentimiento mutuo. Así lo han confirmado todas las partes involucradas, que insisten en que no hubo violencia: desde los abogados defensores hasta las fiscales encargadas de la acusación, y tanto el acusado en entrevistas y comunicados como las denunciantes en sus declaraciones a la Policía, los amigos y la prensa.

Según las declaraciones de las mujeres, los encuentros de Assange con cada una tuvieron lugar en diferentes oportunidades, si bien solo con unos pocos días de distancia. Y las denuncias se reducen a problemas con el uso de los condones.

Al parecer mientras Assange y la primera mujer estaban teniendo sexo, el condón se rompió. A ella le pareció que él lo había roto deliberadamente, pero él insistió en que había sido un accidente.
Con la segunda mujer el problema aparentemente se basa en que, aunque ella había insistido en que se pusiera condón, a la mañana siguiente lo hicieron sin condón.

En otra versión de los hechos, también según las mujeres, el sexo que había empezado con consentimiento se volvió sexo sin consentimiento. Una dijo que Assange había ignorado sus llamados para que parara cuando el condón se rompió. Y la otra, que Assange no accedió a su petición de parar cuando ya no estaban usando el condón. Él ha cuestionado la veracidad de estos relatos.
A Julian Assange no se le han imputado cargos en Suecia. Sin embargo la justicia de ese país ordenó su detención por violación, acoso sexual y coerción ilegal, e Interpol emitió en su contra y con fines de extradición una notificación roja, el nivel más alto de orden de búsqueda y captura que esa institución produce.


¿Por qué?


Julian Assange y otros colaboradores de WikiLeaks han mantenido que se trata de una “treta sucia” para desacreditarlos a él y a WikiLeaks. Una conspiración política orquestada tras la publicación en julio de los 77.000 documentos clasificados del Pentágono sobre la guerra en Afganistány el anuncio de que vendrían otros aún más explosivos. Desde entonces él y otros activistas de WikiLeaks han estado en riesgo de ser arrestados o señalados de otras maneras, dijo Assange.

No le faltaban razones. Jacob Appelbaum, el portavoz de WikiLeaks en Estados Unidos, fue detenido e interrogado por agentes federales de su país que, además, fotocopiaron sus recibos y confiscaron su computador y tres teléfonos. Actualmente vive en la clandestinidad.
La persecución a WikiLeaks ha sido sistemática y donde más se ha sentido es en sus propios terrenos: la red. Su infraestructura en Internet sufre permanentes ataques y ha tenido que cambiar de dirección varias veces en los últimos días. Por presiones del gobierno estadounidense, en lo que es ya un boicot empresarial, Amazon y Everydns dejaron de albergarlos y PayPal congeló sus cuentas. Y luego de que Assange anunció que va a revelar documentos de algunos bancos, la oficina postal suiza cerró sus cuentas bancarias.

Y están, por supuesto, las inusuales y muchas vueltas que ha dado el caso contra Julian Assange en la Fiscalía de Suecia.

Para empezar, las dos mujeres no se presentaron a la Policía para denunciarlo por violación, sino solamente para consultar si había méritos para hacer una denuncia, una práctica que al parecer es común en ese país. El caso fue llevado a la fiscal que estaba de turno ese día y ella decidió que sí había méritos y emitió una orden de arresto bajo cargos de violación. Y, aunque las leyes suecas prohíben hacer públicos los nombres de los acusados de delitos sexuales antes de que sean condenados, Julian Assange fue víctima de su propio invento: la información se filtró y se convirtió en titulares inmediatamente.
Al día siguiente, la fiscal jefe asumió el caso y al revisarlo consideró que en realidad no había razones para sospechar una violación. Retiró la orden de arresto y la acusación se rebajó a acoso, un delito menor que no se castiga con cárcel, sino con una multa en euros.

Assange pudo salir de Suecia, siguió negando las acusaciones y mientras tanto esos “otros documentos aún más explosivos” que había anunciado salieron a la luz.

Son los casi 400.000 documentos secretos del Pentágono sobre la guerra en Iraq filtrados en octubre y los famosos 250.000 cables del Departamento de Estado que están saliendo actualmente en las páginas de The New York Times, The Guardian, Le Monde, Der Spiegel y El País.

Entonces, en un nuevo e inesperado giro del sistema penal sueco, el caso fue entregado a otra fiscal, la directora de la oficina de la Fiscalía de Estocolmo. La acusación original de violación se reabrió, se emitió otra orden de arresto y se negaron las peticiones de la defensa para que Assange respondiera a los interrogatorios en la embajada sueca de Londres, en vez de hacerlo en Suecia, lo mismo que las de apelación ante la Corte Suprema de Justicia.

Tanto las fiscales encargadas del caso como las dos mujeres que hicieron las denuncias han afirmado que la política no tuvo nada que ver. “Las acusaciones contra Assange, por supuesto, no están orquestadas por el Pentágono ni por nadie más. La responsabilidad de lo que me pasó a mí y a la otra chica radica en un hombre que tiene una actitud torcida hacia las mujeres y problemas con recibir un no por respuesta”, le dijo una de ellas al periódico sueco Aftonbladet.

Sin embargo, las historias de los encuentros e incluso las mismas mujeres parecen especialmente fabricadas para que alguien con un sentido mínimo de suspicacia empiece a pensar que se trata de un montaje del Pentágono o la CIA.

La primera mujer es una académica de 31 años que milita en el ala cristiana del Partido Social Democrático y en el feminismo radical. Alguna vez escribió un tratado sobre cómo vengarse de los novios infieles y en otro momento fue expulsada de Cuba por actividades subversivas. Assange fue a Suecia por invitación suya para hablar en un seminario organizado por ella. Se quedó en su apartamento, también por su invitación, y fue ahí donde ocurrieron los hechos que luego darían lugar a la denuncia.

La segunda mujer, cercana a los treinta años, puede ser descrita como una admiradora ansiosa por entrar en contacto con el activista de la libertad de expresión. Según sus propias declaraciones se sintió fascinada por la figura pública de Assange desde que lo vio en la televisión. Cuando descubrió que Assange visitaría Suecia les escribió a los organizadores del evento (¿la otra mujer?) para ofrecer su ayuda. Fue al seminario, se las arregló para ser incluida en el grupo que estaba con él y, más tarde, para llevarlo a su casa, donde, como en el primer caso, tuvieron lugar los acontecimientos que propiciaron la denuncia.

Otros piensan que Assange sencillamente habría podido entrar en conflicto con las inusuales leyes de violación suecas, consideradas profeministas debido a la manera como se tratan las cuestiones del consentimiento durante las actividades sexuales, que incluso tienen en cuenta el hecho de si se usó un condón.

Y otros más se atreven a insinuar que todo puede deberse al despecho de unas mujeres a las que no les gustó descubrir que el mismo hombre tuvo relaciones con las dos, con tan solo días de diferencia, y que después del sexo no volvió a llamarlas.

Conspiración internacional, puntillosas leyes sexuales, revancha feminista. De todo eso hay en la persecución a Assange. Pero lo cierto es que pese a las órdenes de captura en su contra, él no ha podido ser arrestado y WikiLeaks continúa con sus actividades.
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*La idea y la redacción de este encabezado son de Federico Escobar Córdoba, quien además editó el resto del texto.