Wednesday, April 16, 2008


La tristeza es el indicio candente de un fracaso insoslayable que opera como advertencia y freno al borde de la pendiente de los excesos y la fascinación por lo rotundo. Nada nos cura mejor del amor propio y la jactancia que el reencuentro periódico con las raíces nunca marchitas de esa tristeza que con tanta nitidez deja su impronta en nuestra voz y en nuestros ojos, en los gestos y hasta en el paso. Y que se anuncia en casi todo lo que somos, cuando de veras hemos aprendido a reconocer la imponderabilidad final que encierra el hecho de ser uno por una única vez.

Santiago Kovadloff

Ilustración de Salvador Dalí

Sobre los ojos de su amigo Picasso

Autorretratos de distintas etapas de su vida

El ojo amor.
El ojo en vela

centinela,
espuela,

candela,

el que se rebele y revela.


Rafael Alberti

Su mirada a lo largo de los años